Archivado en: religión
En la madrugada del sábado al domingo, ha habido que adelantar el reloj una hora. Se suele hacer en el último fin de semana de marzo y la razón es por el ahorro energético que supone.
Esta pequeña anécdota me sirve para reflexionar sobre la importancia del tiempo. Vivimos sujetos a las agujas del reloj como compañeras inseparables del ritmo de vida diario. Cuántas veces uno desearía que la jornada tuviera más horas. Sin embargo, hoy no ha sido así ¡me han quitado sesenta minutos!
Las agujas del reloj siguen en movimiento, por eso no me detengo y continúo escribiendo. Me gusta valorar el tiempo, apreciarlo y saborearlo. Ya es la madrugada del domingo al lunes, me voy a descansar. Pero no quería marchar sin dejar constancia de esta pequeña, pero a la vez importante reflexión. En definitiva, el tiempo es un regalo que te ofrece la posibilidad de crecer como persona, como creyente. Una oportunidad única que no se repite nunca para dar lo mejor de uno mismo a los demás. A ti que lees estas líneas, te invito a que vivas el tiempo de tu vida como posibilidad única e irrepetible de ser feliz, de construir aquello que decidas como más favorable para ti y quienes tienes más cerca. Una vez más, te agradezco que te hayas acercado hasta este blog para leer sus comentarios. Gracias también por tu comentario, sugerencia, o todo aquello que creas más conveniente. Sé feliz cada día de tu vida, cada hora, cada minuto, cada segundo; sé feliz con el tesoro del tiempo.
1 comentario por mucho
Deja un comentario
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <pre> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>
No se me ocurre nada sobre el tiempo, salvo que a veces parece que se escapa irremediablemente, y otras parece etenizarse inexorablemente. Lo que mejor hago es perderlo, (a mi pesar) eso me parece.
Comment por rosam 10 Abril, 2008 @ 11:23 pmNo sabría ser feliz con él…tal vez feliz en él…de vez en cuando.No sé. A veces me parece una faena; me gustaría asomarme a la ventana del tiempo sin medida de ninguna clase, sin condiciones…con ancho y largo al gusto; y sobre todo, hasta el foooondo, allá.
Sólo vi una vez unos hombres que conseguían eso en una película.
“Subían” a una “cápsula” especial durante horas cada dia, entre cuatro paredes estrechas, horas y horas, todos los días; no se cansaban.Allí se internaban en el tiempo de Dios,argonautas de la oración se llamaba “El gran silencio”.