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Acabo de llegar a casa después de un día intenso.Vengo ahora de un funeral de unos conocidos, como no pude estar en el entierro les prometí que iría hoy.Me gusta estar cerca de la gente, las personas son lo importante.
Después de una jornada con muchas actividades y mucho que hacer he querido asomarme a esta pequeña, pero gran ventana, que es el blog para expresarme, para escribir.De este modo, sé que hay muchas personas que pueden ser partícipes de reflexiones y experiencias que escribo aquí. Van siendo parte de la parroquia aunque muchos no residan físicamente en el territorio de la Higuera Canaria, en Telde (Gran Canaria).
Me siento cansado, pero feliz y eso es lo fundamental de todo. Creo que en el fondo siempre me motiva el anuncio del evangelio, el deseo de llevar ese mensaje a los hombres y mujeres de hoy. Cuando te quema por dentro ese fuego interior que te impulsa a comunicar la buena noticia, el tiempo siempre es poco y el cansancio y la limitación física es más llevadero. Y es que es cierto y lo vivo en carne propia, aquello que decía Jesús de ” la mies es mucha y los obreros pocos”. Mucho trabajo por hacer y somos pocos, haría falta más gente. No me refiero solamente a sacerdotes, que es importante, sino al papel de los laicos a la hora de ir asumiendo responsabilidades; siempre será una actitud más madura que la de aquellas personas que se sientan y esperan que se lo den todo hecho. Siento algo parecido a lo que experimentaba San Pablo “¡Ay de mí si no evangelizare!” Tengo muy claro que este blog es también un modo actual de llevar esta inquietud con los medios de hoy.
Y en medio de todas estas líneas que escribo desde el teclado, surge la pregunta¿y quién es el pilar que sostiene mi vida, en medio de tantos afanes? Hace unos días hemos celebrado la fiesta de la Virgen del Pilar, patrona de uno de los barrios que atiendo, Caserones Altos. En la homilía me servía como referencia el hecho de que la talla de la Virgen es pequeñita, desde ahí invitaba a hacerse pequeños en la vida, a ser humildes, menos pretenciosos y dejar más espacio a Dios.Asímismo, la importancia de las pequeñas cosas de cada día, que muchas veces suponen esfuerzo.El día a día es lo que vale más por encima de quienes hacen un esfuerzo grande en una fecha concreta, y el resto del año desaparecen rehuyendo el esfuerzo y la superación cotidianas.
Todo esto nos capacitará para entender que nuestra cultura, la del lugar en que vivimos, no es la única del mundo.Por tanto, invitaba a la acogida a los imigrantes como gesto de querer aprender lo positivo de otros pueblos. En el siglo XXI, en un mundo globalizado, querer vivir encerrado y aislado en la propia población creyéndose que eso es lo único y lo mejor es vivir en otro siglo y supone un empobrecimiento personal.
Finalmente, otra idea de la homilía del Pilar era la invitación a ser creyentes como María, en consonancia con el lema del plan pastoral que nuestra Diócesis de Canarias inicia en este año: “Creyentes en Cristo para ser sus testigos”.
Estas reflexiones hechas en la fiesta del Pilar, me las aplico a mí primero. Cuando predico, sé que el primero en vivir lo expuesto soy yo, si no no sirve de nada. Por eso, en medio de los trabajos de cada día, con sus ritmos trepidantes de velocidad, es importante descubrir el pilar de la propia vida. Para mí, es Cristo resucitado. ¿Y para ti que me lees en este momento? Me alegrará seguir recibiendo comentarios y sugerencias, me ayudan mucho. Por eso escribo, porque sé que están ahí los lectores del blog, agradezco mucho ese apoyo.
Finalizo, hay que descansar porque si no me voy a quedar dormido frente a la pantalla del ordenador y tampoco es plan de eso. Eso sí, me ha alegrado mucho compartir estos minutos contigo que estás ahí leyendo este artículo, escríbeme me alegrará. Que sigamos en contacto desde este blog “Ciberparroquia”, así abrimos una ventana a la comunicación por la que entrará constantemente aire nuevo.




